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La casita de mis viejos PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Lununa   

Estoy viviendo temporariamente en la casa de mis padres. (Hace tanto que voy de una situación temporaria a otra, que cuando llegue a algo definitivo, seguro me aburro y vuelvo a empezar)

Como hay tantas cosas mías dando vueltas por todas partes, a mi viejo se le ocurrió cederme un espacio en sus dominios para ordenar un poco, y se puso a limpiar el cuartito del fondo...

Cuando vuelvo de trabajar me lo encuentro, sonriente como un chico.

-Vení, vení!!! Mirá lo que encontré!!!

Sobre la mesa de azulejos del patio había dos damajuanas, viejas y llenas de polvo.

-¿¿Sabés qué es?? ¡El vino que hice hace treinta años! ¿Te acordás?

Sí que me acordaba. Vino de uva chinche de la parra del patio de la casa vieja. Toneladas de uva todos los veranos. Nos cansábamos de regalarla, a los vecinos, a los parientes, a los que pasaban. Mi hermano y yo ya nos habíamos hartado del sabor dulzón y los hollejos gruesos, y pedíamos a gritos uvas de verdulería. Mi mamá murmuraba que si no fuera por la sombra, ya le hubiera cortado a la parra el tronco a cuchillazos, con la mugre que hacía en el patio.

-¿Porqué no hacés dulce? - le decía mi papá

-¿Con este calor, y lo que se ensucian las ollas? Además, así como piden uvas de verdulería, éste no les va a gustar y van a pedir dulce comprado.

Entonces mi papá, un día que se hartó de comer uvas, tuvo la ocurrencia de hacer vino. Preguntó a un par de vecinos italianos expertos en el arte del vino casero, y terminó preparando dos damajuanas.

-¿Ya se puede tomar, pá?

-No, ahora hay que añejarlo.

No sé quien trajo las dos damajuanas de la casa vieja a la nueva, seguramente alguien que ayudó en la mudanza y no sabía de que se trataba. Nadie se volvió a acordar del vino casero, hasta anoche.

Mi papá sacó el corcho como si estuviera a punto de descubrir la panacea universal.

-Olelo -me dijo. Olía a moscato, a sombra de parra, a verano de hace 30 años. Olía rico.

Lo probamos, con la sonrisa de quien espera que pase algo maravilloso.

El vino estaba tan ácido, que empezamos a reirnos los dos a carcajadas.

Y fue mucho mejor que si hubiera estado bueno.

 
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